A24, el estudio que hoy vive su momento más comercial gracias al fenómeno Backrooms, acaba de dar un paso que puede cambiar (otra vez) la conversación sobre inteligencia artificial en Hollywood: Google ha invertido 75 millones de dólares para impulsar el desarrollo de herramientas de IA pensadas para el trabajo creativo de cineastas y productores.

La noticia, reportada por The Wall Street Journal y retomada por Tomatazos, llega en un momento en el que la industria se parte en dos: quienes ven la IA como una aliada para agilizar procesos… y quienes la perciben como la puerta de entrada a la sustitución (o devaluación) del trabajo creativo.

Lo importante: Google no se queda con la “biblioteca” de A24

Según el reporte, el acuerdo no contempla que Google obtenga acceso a la biblioteca de contenidos del estudio ni a sus bases de datos internas. En teoría, el foco está en construir procesos de trabajo que ayuden a creadores y equipos sin desplazar decisiones artísticas que, al menos en el discurso, seguirían siendo 100% humanas.

En esa línea, Scott Belsky (A24 Labs) defendió una aproximación que “preserva el control creativo” y “apoya la toma de riesgos”, enfatizando que lo que desarrollen no se parecería a la IA “de prompts” que genera rechazo en parte del gremio. Entre las aplicaciones que se exploran se mencionan sistemas para crear storyboards y otros recursos de preproducción.

Imagen promocional de Backrooms

El contexto: A24 está ganando como nunca (y Backrooms tiene mucho que ver)

A24 no está tomando esta decisión desde la fragilidad, sino desde el poder: Tomatazos señala que Backrooms: Sin Salida es, en pleno junio de 2026, el mayor éxito financiero que el estudio haya distribuido, superando los 300 millones de dólares en taquilla mundial apenas cuatro semanas después de su estreno.

Además, el mismo reporte subraya un dato clave para entender por qué el tema importa: la película conectó especialmente con el público joven (menores de 35 años), un segmento que hoy define gran parte de la conversación cultural y de la viralidad en redes.

¿Qué significa esto para el cine (y para nosotros)?

Si A24 —una marca que construyó prestigio con títulos de autor y que ahora juega en ligas de taquilla más grandes— empieza a institucionalizar un “kit” de IA para preproducción, se abre un escenario fascinante:

  • Más velocidad para levantar proyectos (y para visualizar ideas antes de rodar).
  • Más control para cineastas con presupuestos ajustados que necesitan claridad visual sin inflar costes.
  • Más debate sobre límites éticos, derechos, autoría y qué parte del proceso creativo se puede automatizar sin romper la esencia del oficio.

Por parte de Google, Eli Collins (vicepresidente de producto en DeepMind) justificó la inversión con una frase que suena a manifiesto: los avances ocurren cuando la tecnología llega a las manos de las mejores mentes de cada campo.

Traducción: la pelea por el “cine del mañana” ya no solo se libra en festivales o en taquilla, sino también en laboratorios y acuerdos estratégicos. Y si A24 está en el centro, es porque entienden mejor que nadie la mezcla explosiva entre autoría, tendencia y viralidad.

Seguiremos atentos: cuando estas herramientas salgan del discurso y se conviertan en flujo real de trabajo, ahí empezará el verdadero debate.