Las mejores películas de 2025 llegaron en un momento en que el cine parecía atrapado en una fórmula repetida. Todo se sentía igual, diseñado solo para pasar el rato. Pero este año marcó un avance enorme frente a 2024: Hollywood por fin soltó el freno y empezaron a aparecer estrenos con verdadera identidad, energía propia y riesgo creativo. Volvimos a sentir que estábamos viendo cine de verdad, del que justifica el viaje a la sala.
2025: cuando las películas recuperaron la identidad

En En El Rodaje lo vivimos como un cambio de clima. Ya no eran solo productos diseñados en cadena, sino películas que se atrevían a ser específicas, incómodas, personales. Desde thrillers tensos hasta dramas íntimos, pasando por espectáculos de alto octanaje, la sensación compartida fue clara: 2025 nos devolvió las ganas de sentarnos en una butaca oscura y dejarnos arrastrar por la pantalla grande.
En esta selección repasamos las mejores películas no habladas en español que vimos en 2025. Historias que nos impresionaron por cómo miran la fama, la política, la familia, la guerra o el duelo, y que nos recuerdan por qué seguimos buscando experiencias fuertes en una sala de cine.
Lurker: la era Instagram convertida en pesadilla
Lurker se siente como ver Nightcrawler, pero en plena era de Instagram. Lo que más impacta es la manera en que disecciona la fama digital y esas relaciones raras que construimos con los famosos de internet. No parece un sermón lanzado desde afuera, sino una mirada que entiende el lenguaje, los códigos y la obsesión de las redes. Es incómoda, cercana y muy actual. Si te gusta ese estilo entre incisivo y autorreferencial que se asocia a Bob Bernham, esta película encaja perfecto en esa sensibilidad.
F1: adrenalina a 300 km/h

Con F1 no había engaño posible: se prometía espectáculo, y Joseph Kosinski entrega exactamente eso, elevado al máximo. Es pura adrenalina filmada como si el objetivo de la cámara fuese un casco a 300 km/h. Lo más impresionante es la sensación física: gracias a la puesta en cámara, parece que estamos dentro del casco de Brad Pitt, atrapados en el ruido del motor y en la velocidad. La historia no intenta ser especialmente profunda, y tampoco lo necesita. Es cine pensado para la pantalla más grande que encuentres, para dejarse golpear por el sonido y la imagen. Es, literalmente, el Top Gun de las carreras.
The Order: fanatismo, miedo y un thriller que duele
The Order nos dejó helados. Es un thriller basado en hechos reales sobre un grupo extremista en los años 80, y la tensión que construye es de otro nivel. Jud Law y Nicolas Holt están impecables: sostienen una atmósfera oscura, densa, que parece no darte respiro. No es una película fácil, porque se mete de lleno en un tipo de fanatismo que, aunque pertenezca a otra década, sigue resonando en el presente. Es directa, cruda y necesaria para entender cómo funcionan ciertos discursos de odio. De esas historias que te mantienen pegado al asiento hasta el último segundo.
Sinners: vampiros, cultura negra y colores que por fin respiran
Sinners es la prueba de que todavía se pueden hacer éxitos comerciales a partir de ideas originales. Ryan Cogler mezcla vampiros con cultura negra y la combinación le sale tan natural como poderosa. Es acción a pleno, con un diseño sonoro brutal y una paleta de colores vibrante. Nada de ese gris lavado y aburrido que se volvió costumbre en tantos blockbusters. Aquí hay textura, ritmo y una identidad visual clara. Ojalá los estudios tomen nota: esto es el tipo de cine de género que queremos ver ocupar las pantallas grandes.
Hamnet: duelo filmado como poesía
Entre las películas que se atrevieron a hablar de sentimientos difíciles, nuestra elegida es Hamnet. Chloe Sao filma el duelo con imágenes que parecen pura poesía visual. No es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta: planos cargados de sensibilidad, silencios que dicen más que los diálogos y una atmósfera que se queda dando vueltas en la cabeza. Las actuaciones de Jessie Buckley y Paul Mescal terminan de completar el impacto emocional. Lo que transmiten sus miradas, gestos y silencios lleva la historia a otro nivel. Es una experiencia intensa, ideal para quienes buscan algo que realmente remueva por dentro.
My Father Shadow: una infancia en Nigeria, sin filtros
En la categoría de nuevos directores, la gran favorita es My Father Shadow. Es el primer largometraje del nigeriano Aquinola Davis Jor y se nota que es una película profundamente personal. El retrato de la infancia en Nigeria se siente cercano, honesto, sin el filtro de la postal turística ni el melodrama subrayado. Hay una mirada íntima sobre crecer, sobre la familia y sobre el entorno, que hace que cada escena parezca sacada de un recuerdo muy preciso. Es una de esas óperas primas que dejan la sensación de estar presenciando el nacimiento de una voz propia.
It Was Just An Accident: cine valiente en clave política
En el extremo opuesto de la curva de experiencia está Jafar Pani, que con It Was Just An Accident demuestra que todavía puede sorprender. La filmó en secreto en Irán, desafiando al gobierno y arriesgando su libertad, y esa condición de peligro late en cada plano. Es un thriller político tenso, lleno de riesgo, pero que jamás pierde de vista la humanidad de sus personajes ni el sentido del humor. Esa combinación entre valentía, ironía y mirada crítica la convierte en una obra que se siente urgente. Es cine valiente, del que parece imprescindible recomendar.
Surat: electrónica y sensaciones nuevas en la sala
Surat nos llevó a un lugar totalmente nuevo. Aquí, la música electrónica no es solo acompañamiento: es el corazón de la atmósfera. La película construye sensaciones a partir del sonido y las texturas, hasta crear algo que, dentro de la sala, se vive casi como un trance. Es de esas experiencias que hacen que el cine deje de ser solamente narración y se convierta en estado de ánimo. La sensación de estar viendo (y escuchando) algo que no habíamos sentido antes es precisamente lo que la hace tan especial.
2000 Metrifka: mirar la guerra sin pestañear
En el terreno documental, 2000 Metrifka nos dejó mudos. Es la guerra de hoy, vista de frente, sin filtros ni edulcorantes. No busca ser cómoda, ni amable, ni fácil de procesar. Es durísima de ver, pero justamente por eso se siente necesaria. Obliga a mirar de cerca una realidad que muchas veces se consume como titular pasajero. Tras verla, la sensación es la de haber estado frente a algo que, aunque duela, no conviene apartar de la mirada.
Sentimental Value: la casa como un personaje más
Sentimental Value es una pequeña joya. Un drama familiar en el que la casa se siente viva, casi como un personaje más. Cada rincón parece cargado de historias y tensiones invisibles. Las actuaciones están en otro nivel y nos atraparon por completo, sosteniendo escenas que respiran verdad y conflicto sin necesidad de grandes explosiones dramáticas. Si te commovieron películas como Afterson o Tár, esta propuesta está en esa línea de cine íntimo y preciso que te acompaña mucho después de los créditos. Para nosotros, es la mejor película del año.
One Battle After Another: un torbellino político con esperanza
Cerramos con nuestra gran favorita de 2025: One Battle After Another, de Paul Thomas Anderson. Es un viaje político salvaje, con una energía que no afloja ni un segundo y con la que, además, llegó la mejor música del año. Entre tanto caos, intrigas y fricciones, la película se guarda un espacio para algo que hoy parece radical: un pequeño gesto de esperanza en la gente. Esa mezcla entre furia, ritmo y fe mínima pero real en la humanidad la convierte en una experiencia que se siente tan agotadora como revitalizante.
Un año para volver a la sala
Estas son las películas que, para nosotros, definieron lo mejor que vimos en 2025 fuera del cine en español. Títulos que van desde el espectáculo puro hasta el cine político más arriesgado, pasando por dramas íntimos y propuestas formales audaces. Lo que comparten no es el género ni el presupuesto, sino algo más sencillo y a la vez más raro: identidad.
Si el año anterior parecía dominado por fórmulas agotadas, 2025 nos recordó que todavía hay cine dispuesto a incomodar, emocionar, experimentar y, sobre todo, a quedarse rondando en la cabeza mucho después de salir de la sala. Y solo por eso, ya valió la pena volver al rodaje.


