El fenómeno cultural que nadie anticipó

The Odyssey de Christopher Nolan no es solo una película. Es un evento cultural, una peregrinación, y para algunos, literalmente una razón para replanear su vida. La primera película de la historia rodada íntegramente con cámaras IMAX 70mm ha desatado una fiebre que trasciende el cine: estamos hablando de fans que retrasan embarazos, cruzan el país en avión y compran casi 20 entradas solo para vivir la experiencia tal y como Nolan la imaginó.

¿La razón? Solo 25 cines en todo Estados Unidos — y apenas 41 en el mundo — están equipados para proyectar la película en verdadero IMAX 70mm. Y con funciones agotadas en minutos, la desesperación ha alcanzado niveles que solo se habían visto con los concert films de Taylor Swift y Beyoncé.

"Tenemos que esperar unos meses. Si no, va a coincidir con The Odyssey"

Amber Connaghan, una editora de tecnología de 29 años que vive en el desierto de California, compró su entrada hace más de un año y lleva meses preparándose para el viaje de tres horas en coche hasta el cine más cercano con IMAX 70mm. Cuando una amiga le sugirió que era momento de tener su segundo hijo, su respuesta fue categórica: "No, tenemos que esperar unos meses. Si no, va a coincidir con The Odyssey".

No es una anécdota aislada. Es el síntoma de un fenómeno que ha convertido la experiencia cinematográfica en algo que muchos consideran un evento vital irrepetible.

The Odyssey de Christopher Nolan en IMAX

De Pittsburgh a Los Ángeles: un vuelo por una película

Tim McHugh, un consultor de salud de 33 años, voló desde Pittsburgh hasta Los Ángeles específicamente para ver The Odyssey en IMAX 70mm en el Universal CityWalk. Su obsesión no nació de la nada: de adolescente trabajó como operador de proyector en un cine local, donde se enamoró del formato. "Pasé tanto tiempo después de clases cargando proyectores que me enamoré del cine", confesó.

Y luego está Simon James, un abogado neoyorquino de 33 años que compró 18 entradas para funciones de IMAX 70mm en el AMC Lincoln Square durante las primeras tres semanas de exhibición. Su argumento: "Chris Nolan es mi director favorito y realmente le creo cuando dice que la mejor forma de ver sus películas es en un cine IMAX. La experiencia se eleva exponencialmente cuando la ves en las condiciones adecuadas".

Funciones a las 2, 3 y 6 de la madrugada: el cine que nunca duerme

La demanda ha sido tan brutal que AMC tuvo que programar funciones a las 2 a.m., 3 a.m. y 6 a.m. en el Lincoln Square de Manhattan — el único cine en toda la ciudad de Nueva York con proyección IMAX 70mm — y extender este horario insólito hasta la cuarta semana de exhibición. Cada una de las seis funciones diarias se agota.

Un periodista de Variety que asistió a la función de las 2 de la madrugada describió el ambiente como "un manicomio", con 650 personas llenando cada butaca y comprando los cubos de palomitas con forma de Caballo de Troya a 70 dólares la unidad. No es una exageración: es la versión "hardcore" de la experiencia comunitaria del cine.

Los números que explican la locura

The Odyssey debutó con $124.5 millones en taquilla doméstica y $264.1 millones a nivel global, el mayor debut mundial de toda la carrera de Christopher Nolan, superando incluso a The Dark Knight Rises ($249 millones). Solo en salas IMAX recaudó $52 millones, un récord absoluto que superó incluso a Avengers: Endgame en mercados comparables.

Con un 95% en Rotten Tomatoes, una calificación "A" en CinemaScore y la distinción de ser la mayor apertura de acción en vivo de 2026, la película no solo cumplió las expectativas: las pulverizó. Y el backlash online que acumuló más de 700.000 dislikes en su tráiler quedó reducido a una nota al pie frente a la avalancha de público real.

¿Por qué solo 25 cines pueden proyectarla como Nolan quiere?

La respuesta es tan técnica como frustrante. Los proyectores IMAX 70mm son enormes máquinas analógicas que requieren mantenimiento especializado, operadores entrenados y un inventario de copias en película física — algo que casi había desaparecido en la era digital. Cuando Variety preguntó a IMAX por qué no instalaban más proyectores, la compañía respondió sin rodeos: "No es práctico".

Universal intentó compensar poniendo las entradas a la venta con un año de anticipación, pero la mayoría de funciones se agotaron en horas. La segunda tanda de entradas provocó tiempos de espera de una hora en la web de AMC y caídas del servidor. Las entradas aparecieron en sitios de reventa a precios superiores a los $1.000.

Más que una película: un argumento a favor del cine en salas

En una época en la que los estudios reducen ventanas de exclusividad y las plataformas de streaming dominan la conversación, The Odyssey ha demostrado algo que muchos daban por muerto: la gente todavía quiere vivir el cine como un evento. No como algo que se consume en un sofá con el celular al lado, sino como una experiencia física, comunitaria e irrepetible.

Cuando alguien retrasa un embarazo, cruza un país o compra 18 entradas para la misma película, no está comprando un boleto: está votando por un tipo de cine que se niega a morir. Y Christopher Nolan, con su insistencia casi religiosa en el formato IMAX, acaba de darle su argumento más poderoso.