Seis estrenos para coronar un año dorado

Que una actriz lidere seis estrenos cinematográficos en un solo año ya es llamativo. Que, además, cada uno de esos proyectos vaya en una dirección distinta y parezca elegido con precisión quirúrgica, convierte a 2026 en algo más que un buen momento para Anne Hathaway: lo perfila como su posible año dorado en el cine. Lejos de conformarse con un único registro, la actriz regresa al centro del cine comercial y de autor con una variedad que habla de estrategia, ambición y madurez artística.

Lo que se dibuja en el horizonte no es una simple racha de trabajo, sino un mapa de personajes que dialogan entre sí: mujeres en posiciones de poder, figuras fracturadas por la fama, presencias que sostienen el peso emocional de superproducciones, protagonistas atrapadas en thrillers psicológicos, líderes silenciosas dentro de la ciencia ficción y, por supuesto, un regreso a uno de los personajes más queridos de su carrera desde una nueva adultez. Seis películas que no se anulan entre sí, sino que construyen una declaración de intenciones.

Una filmografía que explota en 2026

Mirar el conjunto de proyectos que Anne Hathaway encabeza en 2026 es observar a una intérprete que entiende muy bien su propio lugar en la industria. Cada película se sitúa en un género distinto, con tonos y discursos propios, pero todas comparten una idea en común: mostrar a una actriz que no teme a la evolución, ni a incomodar, ni a revisitar su pasado desde otro ángulo. Nada aquí parece un movimiento aleatorio.

En vez de perseguir la nostalgia fácil o limitarse al glamour que el público asocia con su imagen, Hathaway apuesta por personajes que atraviesan crisis, toman decisiones complejas y encarnan las tensiones de la vida adulta contemporánea: el desgaste profesional, la ambición, la exposición constante, la soledad, la identidad y la madurez emocional. Es un repertorio pensado para dialogar tanto con el gran público como con una audiencia más exigente.

Del infierno editorial al poder: el regreso de Andy Sachs

Anne Hathaway como Andy Sachs en The Devil Wears Prada 2

El punto de partida de este año prodigioso es, irónicamente, un regreso: The Devil Wears Prada 2. La secuela de la película que marcó a toda una generación no se apoya únicamente en la nostalgia. El énfasis está en la evolución de Andy Sachs, aquel personaje que alguna vez fue la asistente desbordada en un universo dominado por el poder y la frivolidad.

Ahora, Andy se sitúa en una posición de poder dentro de una industria editorial y de moda que atraviesa un momento clave de transformación. La secuela funciona como espejo de una generación que ya aprendió a navegar la ambición y el desgaste profesional, y que vive la adultez tratando de no traicionar quién fue. Más que repetir chistes o guiños del pasado, esta nueva entrega promete ser una actualización emocional sobre lo que significa crecer en un mundo que nunca deja de exigir más.

Romper el glamour desde dentro: ‘Mother Mary’

Anne Hathaway como estrella pop en la película Mother Mary de A24

Si The Devil Wears Prada 2 dialoga con el imaginario del glamour, Mother Mary lo dinamita. Dirigida por David Lowery y producida por A24, la película se perfila como uno de los proyectos más arriesgados de 2026. Aquí, Anne Hathaway interpreta a una estrella pop en plena crisis creativa y emocional, un personaje que usa la luz del estrellato para exponer sus zonas más oscuras.

Lejos del brillo confortable de la alfombra roja, esta actuación se describe como incómoda y fragmentada, casi como un espejo roto que refleja el precio de vivir permanentemente expuesta. Mother Mary se adentra en la cultura de la imagen, la fama y la constante necesidad de validación. Para Hathaway, es una apuesta que la saca de cualquier zona de confort: un retrato de la vulnerabilidad que late detrás de la iconografía pop.

El corazón de una odisea: Penélope en ‘The Odyssey’

En el terreno de las superproducciones, The Odyssey se presenta como otro punto de inflexión. Christopher Nolan, conocido por construir universos cinematográficos de otro mundo y elencos inigualables, elige a Anne Hathaway para interpretar a Penélope en su propia reinterpretación de esta historia de viajes, espera y resistencia.

En esta versión, el personaje de Hathaway se convierte en el eje emocional de la trama. Rodeada de un reparto potente y de una puesta en escena de gran escala, Penélope no es solo la figura que espera, sino el centro que sostiene la carga afectiva de la película. El contraste entre su presencia contenida y la dimensión épica del relato promete una de esas interpretaciones silenciosamente demoledoras, donde cada gesto pesa más que cualquier efecto visual.

Sombras y manipulación en ‘Verity’

Si hay un proyecto que marca un giro hacia lo oscuro en este año, es Verity, thriller psicológico basado en la novela de Colleen Hoover. Aquí, Hathaway se adentra en un territorio que la aleja de cualquier imagen predecible: un mundo de manipulación, secretos y verdades a medias en el que nada ni nadie resulta completamente confiable.

Acompañada por Dakota Johnson y Josh Hartnett, se inserta en una historia que juega con la moralidad del espectador. Las lealtades se vuelven difusas, los puntos de vista cambian y el relato nos obliga a cuestionar incluso nuestra propia percepción de lo correcto. Es el tipo de proyecto en el que la interpretación no solo debe transmitir miedo o tensión, sino habitar la ambigüedad con precisión quirúrgica.

Lo inquietante en lo cotidiano: ‘Flowervale Street’

Dentro del mapa de estrenos de Anne Hathaway en 2026, Flowervale Street representa una cara distinta de la ciencia ficción. Lejos de los escenarios grandilocuentes y los excesos visuales, el relato se ubica en un contexto aparentemente ordinario, donde lo perturbador se filtra precisamente por lo familiar. Es la clase de historia que demuestra que no hace falta un gran despliegue para generar inquietud.

Compartiendo pantalla con Ewan McGregor, Hathaway lidera una narración que parece apoyarse más en las atmósferas, en las tensiones invisibles y en ese tipo de incomodidad que crece en silencio. Aquí, la actriz refuerza su afinidad por historias que incomodan sin subrayar, donde el peso está en las relaciones y en lo que no se dice tanto como en los elementos fantásticos.

Volver a Mia Thermopolis sin vivir de la nostalgia

El sexto gran proyecto del año tiene una carga simbólica enorme: El Diario de la Princesa 3. Todavía bajo reserva en muchos de sus detalles, lo que sí se ha confirmado es el regreso de Anne Hathaway a Mia Thermopolis, ya no como aquella adolescente torpe e improvisada, sino como una mujer adulta, consciente de sí misma y de su lugar en el mundo.

Lejos del cuento juvenil, esta nueva entrega se sitúa más cerca del liderazgo y la identidad que de los clichés del “final feliz”. La propuesta va más allá de activar la memoria emocional del público: se trata de una actualización profunda sobre el significado de crecer sin renegar de quién fuiste. Mia se convierte así en un vehículo para explorar cómo reconciliar la persona que somos hoy con aquella que alguna vez fuimos, sin ridiculizar ninguna de las dos.

Un año para consolidar una era

Vistas en conjunto, estas seis películas forman algo más que una agenda saturada: son una declaración de principios. En 2026, Anne Hathaway no solo se reinventa; se afirma como una de las actrices más versátiles y potentes de su generación. Pasa del cine comercial más reconocible a propuestas de autor arriesgadas, del mito reimaginado a la ciencia ficción intimista, del thriller psicológico a la relectura adulta de un personaje que marcó su carrera.

El posible “año dorado” de Hathaway no se mide únicamente en número de estrenos, sino en la inteligencia con la que están elegidos. Cada personaje, cada historia, parece diseñada para explorar una faceta distinta de lo que significa ser mujer, artista y figura pública en esta época. Si algo queda claro es que, en 2026, Anne Hathaway no se conforma con estar en el centro del cine: quiere redefinir, desde dentro, el tipo de protagonismo que vale la pena recordar.