La nueva película de Cumbres Borrascosas llega envuelta en polémica, pero también con una declaración de intenciones clara: no quiere ser una adaptación fiel de la novela de Emily Brontë, sino una reinvención radical. Desde los primeros avances, el proyecto dejó claro que iba a incomodar a los puristas, y eso forma parte de su apuesta central.

En todos los materiales promocionales, el título aparece entre comillas: “Cumbres Borrascosas”. No es un detalle de diseño ni un capricho tipográfico, sino un aviso al espectador. La directora Emerald Fennell marca distancia desde el propio nombre, como si dijera: esto es y no es la historia que conoces, entra bajo tu propio riesgo.

El tono provocador de los avances, la banda sonora contemporánea y el reparto encabezado por Margot Robbie y Jacob Elordi encendieron rápidamente las redes. Sin embargo, lejos de suavizar su postura, Fennell ha defendido una y otra vez que su película no busca copiar la novela página por página, sino dialogar con ella desde el cine y desde su propia memoria como lectora.

Quizas te puede interesar

Frankenstein de Guillermo del Toro: cine grande en tiempos de streaming

Leer más

Emerald Fennell y la novela imposible de adaptar

La relación de Emerald Fennell con Cumbres Borrascosas es íntima y antigua. Leyó la novela a los 14 años y, desde entonces, la historia de Heathcliff y Catherine se convirtió en una obsesión. Ese vínculo personal explica por qué, tras el éxito de Saltburn, cuando por fin tuvo la oportunidad de llevar la obra de Brontë a la pantalla grande, decidió hacerlo desde un lugar más visceral que académico.

La cineasta llegó incluso a escribir el prólogo de una nueva edición de la novela, donde expone con claridad su postura: ninguna película puede contener por completo la complejidad del libro. Para ella, la obra original es demasiado salvaje y escurridiza como para ser comprimida en dos horas de metraje sin perder lo esencial de su naturaleza.

En lugar de intentar esa “fidelidad imposible”, Fennell plantea otra cosa: su Cumbres Borrascosas es, ante todo, una adaptación de la experiencia que tuvo al leer el libro por primera vez. No una traducción literal de la trama, sino de la sensación que le dejó. En sus propias palabras, se trata de adaptar una emoción, una impresión juvenil marcada por el deseo, la oscuridad y el romanticismo trágico.

Desde esa perspectiva, Fennell sostiene que prácticamente cualquier versión cinematográfica de una novela es, en el fondo, una reinvención. Cada director decide qué conservar, qué deformar y qué enfatizar. Su película, por tanto, asume esa subjetividad sin complejos y la hace parte de su discurso: lo que veremos no es Brontë tal cual, sino Brontë filtrada por la mente de una lectora adolescente que nunca dejó de pensar en esos personajes.

Escena gótica de la nueva película "Cumbres Borrascosas" con atmósfera oscura y romántica

Vestuario, escenarios y música: cuando el gótico se vuelve fantasía

La idea de reinvención no se queda en el guion. Está impresa en cada decisión visual y sonora. Uno de los puntos más comentados ha sido el vestuario, que mezcla referencias victorianas con elementos modernos, sin preocuparse por el rigor histórico. Jacob Elordi y Margot Robbie lucen atuendos que no pretenden situarnos en un año concreto del siglo XIX, sino en un espacio emocional: un gótico estilizado, exagerado, casi onírico.

La diseñadora de vestuario Jacqueline Durran lo resumió de forma contundente: no se propusieron representar un momento histórico específico. Su proceso fue elegir imágenes, texturas y estilos que encajaran con la personalidad de cada personaje, incluso si eso significaba romper líneas temporales o mezclar épocas. Es una lógica más cercana al collage emocional que a la reconstrucción de época.

Los sets siguen la misma filosofía. El mundo de la película no quiere ser una recreación documental del entorno de Brontë, sino un escenario gótico amplificado, casi como si surgiera de la memoria de alguien que soñó el libro y luego lo recordó de forma distorsionada. El resultado es un universo que se siente familiar, pero deliberadamente artificial, como una fantasía oscura más que como un drama de época clásico.

La música refuerza ese gesto de ruptura. La banda sonora combina pop, electrónica y pasajes orquestales, alejándose del tono solemne que muchos esperarían de una adaptación literaria “respetuosa”. El trabajo de Charli XCX introduce letras teatrales que dialogan con el espíritu de Brontë, y la colaboración con John Cale, de The Velvet Underground, subraya que esta versión mira tanto al pasado como a la cultura contemporánea.

Fennell ha señalado que algunas de las escenas más intensas y cargadas de erotismo no salen directamente de las páginas de la novela, sino de sus propios recursos de lectura, deformados por el tiempo. Lo que la película lleva a la pantalla es, en buena medida, esa memoria adolescente que convirtió la historia en algo más salvaje y febril de lo que el texto dice literalmente. Ahí está, quizá, la clave de su propuesta: no reconstruir lo que está escrito, sino lo que se sintió al leerlo.

Margot Robbie, Jacob Elordi y la defensa de una visión arriesgada

Las libertades creativas de Cumbres Borrascosas han generado críticas especialmente dirigidas a la forma en que se presentan sus protagonistas. Cathy es ahora rubia y mayor que en la novela, mientras que Heathcliff también sufre modificaciones significativas. Para una parte del público, estos cambios son casi una provocación directa al canon literario.

Margot Robbie, sin embargo, ha defendido con firmeza la película y la mirada de Fennell. Según la actriz, es necesario ver la cinta completa para entender cómo encajan todas las piezas de esta reinterpretación. A sus ojos, no se trata de una provocación gratuita, sino de un romance épico que reimagina el clásico desde otra sensibilidad, sin renunciar a su intensidad emocional.

La directora, por su parte, ha llegado a decir que su película puede ser “increíble para citas” y que tiene el potencial de convertirse en algo así como el Titanic de esta generación. Más allá de la hipérbole promocional, la idea es clara: Fennell quiere que el público sienta la historia con la misma fuerza arrebatada que sintieron generaciones anteriores, aunque los códigos visuales y sonoros sean otros.

Quizas te puede interesar

The Sinners rompe el récord de nominaciones en los Oscar 2026

Leer más

Esta nueva Cumbres Borrascosas llegará a los cines de México y Latinoamérica el 12 de febrero, dispuesta a dividir aguas. Entre quienes buscaban una transposición fiel de la novela y quienes están abiertos a una lectura más libre, la película se posiciona sin rodeos del lado de la reinterpretación apasionada.

Póster oficial de la película "Cumbres Borrascosas" (2026) de Emerald Fennell

Adaptación vs reinvención: qué propone esta “Cumbres Borrascosas”

Al final, la discusión que abre esta versión va más allá de un solo título. ¿Qué esperamos realmente cuando hablamos de una adaptación de la novela de Emily Brontë? ¿Una ilustración obediente de cada capítulo o una obra que arriesga para capturar el espíritu del original desde otro lenguaje?

Fennell parece responder que la fidelidad literal es una ilusión, especialmente con textos tan complejos y extremos como Cumbres Borrascosas. El cine tiene sus propias reglas: necesita condensar, reordenar, elegir. Toda película basada en un libro ya introduce cortes y énfasis que la vuelven, inevitablemente, una lectura parcial.

La diferencia aquí es que esta reinvención de Cumbres Borrascosas no esconde ese hecho, sino que lo asume de frente. Las comillas del título, el vestuario anacrónico, la música pop, las escenas que nacen de recuerdos y no de páginas concretas: todo apunta a una misma idea. No estamos ante un espejo pulcro de la novela, sino ante una respuesta emocional, subjetiva y muy contemporánea a lo que esa historia significa para su directora.

Para el público, el reto será decidir qué tipo de vínculo quiere establecer con este clásico: si prefiere acudir al texto original, volver a otras adaptaciones más tradicionales o dejarse arrastrar por esta tormenta nueva que propone Emerald Fennell. Lo cierto es que, al reivindicarse como reinvención y no como adaptación al uso, la película reabre una conversación necesaria sobre cómo el cine dialoga con la literatura.

Y quizá ahí radique su mayor valor: en recordarnos que cada versión de Cumbres Borrascosas es, en el fondo, otra lectura de una misma historia indomable. Esta vez, filtrada por la mirada de una directora que decidió no pedir permiso a la tradición y convertir sus propias sensaciones en el verdadero material de la película.