Star Wars lleva casi siete años sin pisar una sala de cine. El 22 de mayo, The Mandalorian and Grogu pretendía romper esa sequía con un evento cinematográfico que uniera a todas las generaciones de fans. Pero a diez días del estreno, la franquicia más icónica de la ciencia ficción enfrenta una batalla que no se libra en una galaxia muy, muy lejana, sino en las redes sociales.
El meme que encendió la mecha
Todo comenzó el 4 de mayo —el sagrado Star Wars Day— cuando la Casa Blanca publicó una imagen generada con inteligencia artificial que mostraba a Donald Trump caracterizado como el Mandaloriano, sosteniendo una bandera estadounidense junto a Grogu. El mensaje que acompañaba la imagen decía: "In a galaxy that demands strength — America stands ready. This is the way."
La reacción fue inmediata y dividida. Mientras algunos celebraban la creatividad del post, miles de fans señalaron un detalle que enfureció a los conocedores de la saga: el Credo mandaloriano prohíbe quitarse el casco en presencia de otros. Mostrar a Trump con la cara descubierta sosteniendo el casco fue calificado como una herejía galáctica por la comunidad más purista. Los comentarios más populares no tardaron en llegar: imágenes generadas por IA que transformaban a Trump en Jabba the Hutt inundaron las respuestas.
Disney, por su parte, optó por el silencio. Según múltiples reportes, la compañía prefirió no responder para evitar un enfrentamiento directo con la Casa Blanca que pudiera escalar la situación.
La respuesta de Luke Skywalker que lo cambió todo

Dos días después, el 6 de mayo, Mark Hamill —el eterno Luke Skywalker— publicó en Bluesky una imagen generada por IA que mostraba a Trump en una tumba con una lápida marcada "1946-2024", rodeada de margaritas. El actor acompañó la imagen con un texto extenso expresando su deseo de que Trump enfrentara consecuencias legales y políticas.
La publicación detonó una reacción en cadena. La Casa Blanca respondió a través de su cuenta oficial calificando a Hamill como "one sick individual" y vinculando ese tipo de retórica con los intentos de asesinato contra el presidente. En cuestión de horas, el hashtag #BoycottTheMandalorian se convirtió en tendencia número uno y se mantuvo ahí durante tres días consecutivos.
Hamill eliminó la publicación y emitió una disculpa: "Estaba deseándole lo opuesto a la muerte, pero me disculpo si la imagen les pareció inapropiada." Sin embargo, la retractación llegó demasiado tarde para frenar la avalancha.
El boicot cobra fuerza
Lo que comenzó como indignación en redes sociales rápidamente se organizó en una campaña estructurada. Jack Posobiec, activista vinculado a Turning Point USA, instó a sus seguidores a boicotear la película en una publicación que acumuló cientos de miles de visualizaciones en pocas horas. Otros influencers conservadores amplificaron el llamado, argumentando que el gasto de su dinero en productos de Disney equivalía a financiar a figuras de Hollywood que desprecian a la mitad del país.
La ironía no pasó desapercibida para muchos: como señaló The Mary Sue, los conservadores estaban organizando un boicot contra una película de Star Wars en la que Mark Hamill ni siquiera aparece. El actor, aunque es sinónimo de la saga, no forma parte del elenco de The Mandalorian and Grogu.
¿Cuánto puede costar esta controversia?
Los números preliminares sugieren que el daño podría ser real, aunque su magnitud final es incierta. Según datos de la industria, las preventas de boletos en mercados tradicionalmente conservadores como Texas y Florida han caído entre un 10% y un 15% desde que estalló la controversia.
Las proyecciones iniciales sitúan el debut de la película en alrededor de 80 millones de dólares en el fin de semana largo de Memorial Day en Norteamérica. Aunque esa cifra sería respetable para cualquier blockbuster, representaría el estreno más bajo para una película de Star Wars en acción real en la historia moderna de la franquicia, incluso por debajo de Solo: A Star Wars Story, que en 2018 fue considerada una decepción comercial.
Sin embargo, la historia del cine está llena de boicots que no se tradujeron en pérdidas reales de taquilla. Franquicias con el alcance demográfico de Star Wars suelen resistir tormentas mediáticas, y el público familiar e internacional —menos expuesto a la polarización política estadounidense— podría compensar cualquier caída doméstica.
Lo que está en juego para Disney
Para Disney, The Mandalorian and Grogu no es solo una película: es la prueba de que Star Wars puede volver a funcionar en cines. Tras el cierre de la trilogía de secuelas en 2019 y múltiples proyectos cinematográficos cancelados o pospuestos, esta cinta dirigida por Jon Favreau y protagonizada por Pedro Pascal, Sigourney Weaver y Jeremy Allen White representa la primera apuesta real del estudio por reconquistar las salas.
Si la película tiene éxito, abre la puerta a un nuevo modelo donde las series de Disney+ sirven como semillero para eventos cinematográficos. Si decepciona, las preguntas sobre el futuro de Star Wars en la pantalla grande se multiplicarán.
Una galaxia dividida
Lo más revelador de esta controversia no es si el boicot funcionará o no en términos de taquilla. Lo verdaderamente significativo es cómo ilustra el estado actual de la relación entre Hollywood, la política y el público. En un momento donde cada declaración pública se convierte en una línea de batalla cultural, ni siquiera una franquicia diseñada para unir generaciones está a salvo de la polarización.
The Mandalorian and Grogu llega a cines el 22 de mayo. La película promete acción épica, el vínculo emocional entre Din Djarin y Grogu, y el regreso de Star Wars a donde pertenece: la pantalla grande. La pregunta es si la Fuerza será suficiente para superar una tormenta que, por primera vez, no viene de un Lado Oscuro de ficción.
Din Djarin dijo que este es el camino. Falta ver si el público decide recorrerlo.






