El Festival de Cannes 2026 ya tenía su primera gran polémica antes de que Peter Jackson subiera al escenario a recibir la Palma de Oro honorífica: Guillermo del Toro había lanzado un discurso incendiario contra la inteligencia artificial, acusando a la industria de querer reducir el arte a "una maldita app". Demi Moore, desde el jurado, le respondió que resistirse era "una batalla perdida". Y cuando todo parecía un debate cerrado entre dos posturas irreconciliables, apareció Jackson con una tercera vía que nadie esperaba.
La IA como efecto especial: la postura que divide a Cannes
En una rueda de prensa celebrada el segundo día del festival, Peter Jackson fue directo. Cuando le preguntaron por el uso de inteligencia artificial en el cine, su respuesta dejó a más de uno con la boca abierta: "No me disgusta en absoluto. Es solo un efecto especial".
El director neozelandés comparó la IA con las técnicas de stop-motion que Willis O'Brien utilizó en el King Kong original de 1933 y que Ray Harryhausen perfeccionó durante décadas. En su visión, cada generación de cineastas ha tenido acceso a herramientas nuevas que generaron resistencia en su momento, y la inteligencia artificial no es diferente.
"La IA usada de la manera correcta es solo una herramienta como cualquier otra", afirmó Jackson. "Al final, todo se reduce a la imaginación y la originalidad de la persona que alimenta las instrucciones. Algunas personas harán películas realmente geniales, y otras harán exactamente el mismo proceso y su película será basura. Igual que con el cine normal".
La declaración choca de frente con la postura de Del Toro, quien apenas un día antes había denunciado que la industria tecnológica quiere convencer al mundo de que el arte se puede producir con algoritmos. Dos titanes del cine fantástico, dos visiones del futuro completamente opuestas.
La línea roja: los derechos de los actores
Sin embargo, Jackson no fue un defensor ciego de la tecnología. El director trazó una línea roja muy clara cuando se trata de la imagen de los actores. "Es absolutamente crítico que no se pueda mostrar el rostro de alguien mediante una técnica de IA sin la aprobación de esa persona, o si ha fallecido, de su patrimonio", declaró.
Esta postura cobra especial relevancia en un momento en que la industria sigue procesando el impacto de películas como As Deep as the Grave, que utilizó IA generativa para recrear a Val Kilmer un año después de su muerte, y el documental de Soderbergh sobre John Lennon, que también se proyecta en este mismo festival con un 10% de metraje generado por inteligencia artificial.

La Caza de Gollum y el regreso a la Tierra Media
Jackson también aprovechó su paso por Cannes para hablar de El Señor de los Anillos: La Caza de Gollum, la película que Andy Serkis dirigirá y protagonizará, prevista para diciembre de 2027. El director confirmó su participación como productor y reveló que la historia se situará entre los eventos de El Hobbit y El Señor de los Anillos, siguiendo a Aragorn y Gandalf en su búsqueda del corrupto hobbit Gollum.
Cuando le preguntaron por qué Serkis nunca ganó un Oscar por su interpretación de Gollum, Jackson fue honesto: las reglas de la Academia en aquel momento no contemplaban las interpretaciones de captura de movimiento como actuación convencional. "Hoy sería diferente", sugirió, dejando entrever que la industria ha evolucionado lo suficiente para reconocer ese tipo de trabajo.
Además, Jackson adelantó que tiene en desarrollo proyectos relacionados con Tintín y con la Segunda Guerra Mundial, aunque no dio detalles específicos sobre ninguno de ellos.
El debate que define el futuro del cine
Lo que está sucediendo en Cannes 2026 trasciende la anécdota. En menos de 48 horas, el festival ha puesto sobre la mesa las tres posturas que definirán la relación del cine con la inteligencia artificial durante los próximos años:
Guillermo del Toro representa la resistencia total: el arte es humano por definición y la IA lo degrada. Demi Moore, desde el jurado, encarna el pragmatismo resignado: la tecnología avanza y oponerse es inútil. Y Peter Jackson propone la vía intermedia: la IA es una herramienta más, ni buena ni mala, cuyo valor depende enteramente de quién la use.
Es una discusión que no va a resolverse en la Croisette, pero que Cannes ha convertido en el centro de la conversación cinematográfica mundial. Y como suele pasar con los grandes debates del cine, las respuestas no vendrán de los discursos, sino de las películas.
Mientras tanto, Jackson deja Cannes con su Palma de Oro honorífica bajo el brazo, un futuro en la Tierra Media por delante y la certeza de que, para bien o para mal, acaba de encender una mecha que la industria tardará años en apagar.






